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Hazlo tan bien que no puedan ignorarte.Feliz semana desde una soleada Valencia, Reader. El otro día salí de casa para desayunar con una idea muy concreta: dos americanos, un par de huevos y algo de pan tostado. Volví con una clase de café y una sonrisa enorme al ver a alguien viviendo su trabajo con tanta pasión. Ruggero, el barista de la terraza del hotel —vistas a toda Valencia, un violinista tocando en directo, de esos desayunos que no quieres que terminen—, nos contó de dónde venía cada grano, cómo lo habían tostado y qué íbamos a notar en la taza antes de probarlo. Nos preparó dos cafés de filtro. Luego, un par de cócteles con café que no estaban en ninguna carta. Y para cerrar, un café de otro origen, «para que notéis la diferencia». Todo explicado con calma y detalle. Sonriendo. Bailando de un lado a otro de la barra con una energía que contagiaba a toda la terraza. Esta es la diferencia entre tomar un café y vivir toda una experiencia Desde entonces le doy vueltas a lo que todos pensamos cuando vemos a alguien así, y de eso va esta edición: de dónde sale el amor por lo que haces (y por qué casi nunca está donde crees). Vamos con los 5 nuggets de esta semana. Gracias por estar ahí. I.Idea de la semana«Qué suerte, ha encontrado su pasión».Es lo primero que solemos pensar al ver a gente como Ruggero —o, al menos, lo que escucho cuando alguien me acompaña y me pilla mirando embobado a una persona que hace su trabajo totalmente enfocada—. Como si la pasión fuera un objeto perdido. Como si él la hubiera encontrado un día, por casualidad, detrás de una cafetera. Yo creo que es justo al revés. Lo que vimos esa mañana no era un don. Eran repeticiones. Miles de cafés. Miles de clientes con prisa. Años de probar, tostar, equivocarse y volver a probar. Y encima de todo eso, una decisión que se repite cada mañana: prestar atención. La pasión no estaba antes de todo eso. Llegó después. El problema de lemas como «encuentra tu pasión» es que se convierten en la excusa perfecta para no empezar nunca. O para lamentarte continuamente de no haberla encontrado. ¿Y si cambiáramos de enfoque y viéramos la pasión como algo que se construye en cualquier cosa que hagamos? Algo que puede encender luces o abrir puertas dentro de nosotros si simplemente cambiamos el «¿qué me da este trabajo a mí?» por un «¿qué puedo dar yo?». La primera pregunta te tiene siempre comparando. La segunda te pone a trabajar. Y con el tiempo te regala algo que la primera nunca encuentra: ser bueno. Y cuando eres bueno en algo, empiezas a quererlo. El amor por lo que haces casi nunca es el punto de partida. Siempre digo que no se trata de hacer mucho, sino de hacer lo necesario y hacerlo bien. Esta semana le añado una cosa: hacerlo tan bien que un día, sin darte cuenta, ya no puedas no amarlo. Así que te propongo algo para esta semana. Elige una tarea de tu trabajo que hagas en piloto automático. Da igual cuál: un correo, una reunión, una llamada, un café. Durante siete días, hazla como Ruggero sirve un americano: con toda la atención, explicando, cuidando el detalle que nadie te ha pedido. No esperes a que te apetezca. ¿Qué parte de tu trabajo —del que tienes hoy, no del que sueñas— vas a hacer esta semana como si la amaras? Te leo. II.El libro que estoy releyendo y le da título a esta edición"Hazlo tan bien que no puedan ignorarte" –
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